lunes, 15 de diciembre de 2008

En la red: La revuelta de Grecia

¿Pueden repetirse en España los sucesos de Grecia?

Cuando Gertrude Stein dijo a Hemingway aquello de ‘You're all a Lost Generation (algo así como ‘todos vosotros formáis parte de una Generación Perdida’) no sabía la que había liado. El propio Hemingway se encargó de divulgar a los cuatro vientos esa expresión, y desde entonces el concepto de generación perdida se aplica de forma recurrente. Como una especie de metáfora del fracaso juvenil.
A veces se ha utilizado ese vocablo para referirse a ciertos momentos históricos en los que una generación es dilapidada por falta de oportunidades, y que vive atrapada por una evidente disfunción entre la realidad y lo que promete el sistema económico. No hay empleo, y el que hay es de baja calidad y de escueto salario, lo que puede explicar los brotes de ira juvenil que periódicamente saltan a la opinión pública.


No se trata de movimientos políticamente articulados, pero tienen un sustrato común: su aversión hacia un sistema político que les promete lo que no puede cumplir. Ciertos analistas -como Gustavo de Arístegui- han identificado esos movimientos como radicales y violentos, y los han llegado a situar en una extrema izquierda rayana con el fascismo de los años 30, donde al calor del desempleo que provocó la República de Weimar se creó un caldo de cultivo que hizo posible el resurgimiento de los totalitarismos.

Arístegui, al igual que otros autores, sitúa el origen de ese movimiento antisistema en la ciudad norteamericana de Seattle, la patria de Microsoft, donde decenas de miles de jóvenes reventaron en 1999 la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Aquellas protestas retrasaron la liberalización del comercio mundial, y a la vista del éxito mediático y organizativo tuvieron continuidad en los años posteriores. Con especial intensidad en la asamblea anual conjunta del FMI y el Banco Mundial celebrada en Praga casi un año después.

Muchos analistas conocen ese movimiento antisistema como N-30, toda vez que la batalla campal de Seattle comenzó un 30 de noviembre. Inicialmente se habló de ellos como contrarios a la globalización, pero posteriormente se han identificado como alterglobalización. O lo que es lo mismo, no se ataca la libertad de comercio, sino el imperialismo de nuevo cuño que imponen las empresas multinacionales y los gobiernos democráticos de los países más desarrollados a las naciones más pobres del planeta. La frase ‘Otro Mundo es Posible’, resume su ideario.

Los sucesos de Grecia han devuelto a la actualidad aquellos sucesos. ¿Estamos ante una nueva revuelta callejera protagonizada por jóvenes desencantados con el sistema económico? O, simplemente, como sugiere Arístegui, ¿estamos ante algaradas instrumentadas por poderes ocultos que lo único que quieren es acabar con la democracia que proclama Occidente?


Desconozco si Arístegui estuvo personalmente en la cumbre de Seattle o Praga, pero para los que callejeamos en aquellos días por la capital checa parece difícil creer (y menos observar) que detrás de aquellas protestas se escondía una ‘mano invisible’ -muy distinta a la de Adam Smith- empeñada en cambiar el curso de la historia a golpe de adoquinazo o coctel molotov. Parece obvio que en aquellas revueltas participaron grupos violentos que recuperaron los movimientos de guerrilla urbano de la Italia de los años 70, pero sería absurdo pensar que detrás de esas acciones no existe un descontento real de miles de jóvenes insatisfechos. Hartos de ver tanta miseria por televisión. La ajena y la propia. La violencia (a todas luces una calamidad) es, por lo tanto, la expresión más evidente de la decepción juvenil. La consecuencia más lamentable, pero no la causa del problema.

La yesca ha prendido circunstancialmente (por la muerte de un joven), pero parece evidente que detrás de este tipo de revueltas siempre hay condiciones objetivas que explican su expansión. Ocurrió en Los Ángeles hace 16 años (caso Rodney King). O más recientemente en París, tras la muerte de dos chicos que huían de la policía, y después de que un tal Nicolás Sarkozy (por entonces ministro del Interior) llamara "escoria" a los manifestantes.

El león dormido del descontento social es el que puede salir del su letargo en cualquier momento. Y ahí está aquel célebre ‘cojo Manteca’, que se hizo célebre a mediados de los años 80 y se llevó por delante al ministro Maravall. Que nadie olvide que en Grecia el paro afecta al 21,4% de la población menor de 25 años, mientras que en España la tasa de desempleo entre ese colectivo se sitúa ya en el 25,3%. Mientras que el paro en Grecia (en el conjunto de la población) se sitúa en el 7,5%, en España (datos desestacionalizados) se alcanza ya el 12,8%.

Habrá quien piense que la realidad en ambos países es distinta debido a que España es más rica que Grecia (106% de la media de la UE frente al 95% en el caso heleno en términos de poder de compra); pero no estará de más recordar que el porcentaje de jóvenes entre 20 y 24 años que ha superado el último curso de la educación secundaria es sensiblemente mayor en Grecia (un 82%) que en España (61%), donde, además, la población inmigrante es netamente más elevada.

Puede servir de consuelo pensar que el Estado de bienestar español es más abundante que el griego, pero se equivocan quienes crean que así son las cosas. La protección social en España representa el 20,8% del PIB, mientras que en la patria de los Karamanlis y los Papandreu (las dos familias que han gobernado el país en el último medio siglo) se alcanza el 24,2% del Producto Interior Bruto. En ambos países, además, el riesgo de pobreza es similar, en torno al 21% de los hogares. Y frente a lo que suelen repetir los medios de comunicación estos días, Grecia disfruta -en medio de una severa recesión en la UE- de una sólida prosperidad económica. Desde 1999, crece por encima del 3% (salvo el 2,9% cosechado en 2005), y este mismo año cerrará el ejercicio en un más que digno 3,1%. Pero es que la Comisión Europea ha estimado un aumento del PIB por encima del 2,5% para los dos próximos ejercicios. frente a la recesióin española.

¿Quiere decir esto que estamos ante próximas revueltas sociales en España? No necesariamente, siempre que se hagan bien las cosas y funcionen los sistema de alerta social. Lo positivo es que por el momento se trata de revueltas sociales que no están articuladas políticamente, lo que impide que ese caldo de cultivo fructifique. ¿Hasta cuándo?

Publicado en "El Confidencial"

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