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viernes, 13 de marzo de 2009

¿Pero cómo van a ser conscientes...

si el currículum de la mayoría de ellos consiste simplemente en haber sido "gente del partido" fiel a su disciplina...? Panda de incapaces, de verdad...

miércoles, 14 de enero de 2009

De como millones de trabajadores van a perder sus empleos

El fin del modelo chino

Editorial de El País

Nada hay de bueno y sí de inquietante en la compleja evolución que probablemente sufrirá la sociedad china en los próximos años. El origen de la transformación es económico. La economía china ya no puede crecer a tasas en torno al 10% porque la recesión en las principales economías mundiales, clientes de China, va a reducir drásticamente las exportaciones. Pero las consecuencias de una desaceleración en el país asiático son mucho peores de las que pueden darse en los países industrializados. Crecer al 7,5% en 2009, como prevé el Banco Mundial, o todavía menos, en lugar del 9% o el 10%, puede significar cierres en cadena de empresas, incapacidad de la industria y los servicios para absorber la mano de obra que fluye incesantemente desde el sector agrícola (millones de emigrantes regresan a sus pueblos porque no encuentran trabajo en las ciudades) y 10 millones de parados más como mínimo.

China ha sido hasta el momento uno de los grandes motores del crecimiento mundial. También un garante de la estabilidad financiera a través de sus ingentes compras de deuda estadounidense y de sus gigantescos fondos nacionales de inversión. Si la economía se detiene, las autoridades chinas se verán empujadas a modificar aspectos sustanciales de su estrategia económica, basada en la producción barata y las exportaciones. El plan de estímulo económico aprobado en noviembre, dotado con nada menos que 440.000 millones de euros, no debería gastarse simplemente en reproducir el modelo económico actual. Si quieren evitar un problema social de gran envergadura, las autoridades chinas están obligadas a explorar otros modelos de crecimiento y de cohesión social. La inversión pública en educación, sanidad, eficiencia energética y mejoras tecnológicas en la agricultura serían las prioridades de ese nuevo modelo económico. Crean empleo, aumentan las redes de protección social y mejoran el capital humano del país. Probablemente, ese nuevo salto hacia adelante produce hoy un gran vértigo. Hay que entender el desconcierto oficial, después de 30 años de crecimiento casi ininterrumpido como resultado de las reformas de Deng Xiaoping. La importancia de ese nuevo salto y el riesgo para los gobernantes radica en que una economía así conduciría, ineludiblemente, a más apertura política interna.


Dejanos recomendarte que releas Chimérica en este mismo blog

China se tambalea

Millones de emigrantes chinos se ven obligados a regresar a sus pueblos, debido a la caída de actividad y el cierre de empresas por la crisis

Y esto no ha hecho más que empezar... ¿veremos a China hundirse...? pero na, a seguir "enchufaos" a la tele... mientras tanto te sugerimos que le eches un vistazo de nuevo a nuestra entrada Chimérica

Grietas en 'la fábrica del mundo'

viernes, 9 de enero de 2009

Por no hablar de lo que encubren en China (3)

Pero como han aprendido a tener mano de hierro con la información que sale de allí aquí tenéis este video, a modo de recordatorio, de como se las gastan los comunistas chinos... La masacre de Tiannamen, de la que este año se cumplen 20 años.


jueves, 18 de diciembre de 2008

Chimérica

Hace 30 años China imitó a Occidente. Con un éxito fuera de toda medida. Ahora es Occidente quien imita a China. De nuevo más Estado, economías intervenidas, obra pública a todo pasto y jornadas continuas para las impresoras de papel moneda. La única ideología es la práctica, como quería el pequeño timonel, aquel inteligente y astuto Deng Xiaoping que sedujo a Felipe González con una frase que se hizo célebre: "Qué más da que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones". Y a estas ideas salidas del crisol maoísta se atienen ahora los rectores de las economías mundiales.

Tres décadas han pasado desde el momento crucial en que se produjo el pistoletazo de salida para la ascensión china. Fue en el Tercer Pleno del undécimo Comité Central del Partido Comunista. Más burocrático e intrincado, imposible. Deng impuso allí las reformas que condujeron a la desaparición del colectivismo agrario.

Este largo ciclo de 30 años se corresponde poco más o menos con la era de Reagan, la larga época conservadora en la que el mercado se consagró como el dios central de nuestras sociedades y se quiso limitar el papel del Estado al de guardián de la seguridad y el orden público y último resorte del sistema económico. Estas tres décadas han llevado a Estados Unidos a la culminación de su marcha ascendente como superpotencia durante todo el siglo XX. Venció a la Unión Soviética, hasta su liquidación, en la competición ideológica, económica y militar de la guerra fría. Consiguió convertirse en superpotencia única e imprescindible, capaz de arbitrar en todos los conflictos y modelar un nuevo orden mundial. Para terminar desbordando, cegada por los dioses como quiere el proverbio, los límites de la razón y de sus razones a la hora de imponer su voluntad en el mundo, consiguiendo así como resultado que todas las energías desplegadas se revolvieran en su contra. Hasta ahora mismo, en que los responsables de esta cabalgada de soberbia se han visto obligados a replegarse en el mismo pragmatismo de aquellos chinos astutos de 1979: "Gato negro, gato blanco...".

El éxito chino ha sido hasta ahora la cara oculta de la economía estadounidense. El ahorro, esos tres billones de dólares de deuda en manos chinas, es el que ha venido financiando el déficit de Washington. La mano de obra barata, la que ha permitido el consumo y el crecimiento. Hasta tal punto se superponen las dos revoluciones, la de Reagan y la de Deng, que una sin otra no hubieran funcionado. La globalización es la reaganomics más el pensamiento-Deng Xiaoping.
El politólogo Niall Ferguson, que ha puesto en circulación el término Chimérica para expresar la intensidad de esta simbiosis, considera que se trata de la relación indispensable para el siglo XXI. Con un 13% del territorio mundial, una cuarta parte de la población, una tercera parte del PIB planetario y la mitad del crecimiento de todo el mundo, esta doble y colosal nación transpacífica es el ingenio central que mueve la economía global, asentada sobre dos patas, el ahorro de la mitad asiática y el consumo de la mitad estadounidense. ¿Seguirá funcionando la simbiosis en el momento en que la era de Reagan toca a su fin?

La segunda mitad del siglo XX, hasta entrados los años noventa, giró alrededor de la relación transatlántica entre Estados Unidos y Europa, forjada en la guerra fría. Quizás seguirá sirviendo como referencia para los valores democráticos, tan vapuleados por unos y otros. Pero no para la estabilidad y para la prosperidad económica. Pero, a la vez, son muchas las dudas sobre la capacidad china para aguantar el tirón de la crisis en plena acumulación de tensiones sociales, peligros medioambientales, desequilibrios regionales, corrupción de funcionarios y empresarios, delincuencia y fraudes masivos, ausencia de Estado de bienestar, o disidencias dentro de la cúpula dirigente. La economía china está en plena desaceleración. Queda ya claro que está seriamente afectada y ahora sólo resta por ver hasta dónde llegan los daños, algo que sólo determinarán la profundidad y la duración de la crisis. Por debajo del 8% de crecimiento China destruye puestos de trabajo, devuelve a la gente al campo y parpadean en rojo todas las alarmas sociales y políticas.

"Enriquecerse es glorioso" fue otra de las consignas del pequeño timonel, el comunista que emprendió la vía capitalista. El misterio de esta historia es saber qué hacen los gatos cuando no hay ratones.

Lluis Bassets en El País (extrácto)